miércoles, 1 de febrero de 2012

Más de 50 balas acabaron con las '17 rosas andaluzas'

Una de ellas, localizada con dos tiros en la nuca y boca abajo. La excavación saca a la luz el "ensañamiento" del verdugo

EFE Gerena (Sevilla) 01/02/2012 13:00 Actualizado: 01/02/2012 17:03

Un arqueólogo estudia los restos oseos hallados en la fosa de Gerena.

Un arqueólogo estudia los restos oseos hallados en la fosa de Gerena.AFP

Los arqueólogos han localizado en el cementerio de Gerena (Sevilla) los restos de quince de las denominadas "17 rosas" de Guillena, que fueron fusiladas hace 74 años por ser familiares de milicianos republicanos, y una de ellas presenta dos tiros en la nuca y su cuerpo está boca abajo.

El arqueólogo Juan Luis Castro ha explicado este miércoles a los periodistas que el cráneo de esa mujer es una "evidencia" de que recibió dos tiros de "gracia" y luego fue arrojada encima del resto de mujeres, de entre 20 y 70 años, cuyos huesos están amontonados.

Entre los restos se han encontrado una moneda de un duro, una bala, un peina y un dedo con un anillo

Otro cráneo localizado tiene aún adosado una horquilla y además se han encontrado entre los huesos varias monedas, una de ellas un duro de plata de gran valor que la mujer quizás quiso usar para salvar la vida, suelas de zapatos, una bala, un peine, botones e incluso un anillo que estaba rodeando un dedo.

Los restos de las dos mujeres que faltan por encontrar estarían bajo los huesos de sus compañeras y uno de ellos se prevé que esté unos cuarenta centímetros bajo una hilera de nichos, según el arqueólogo, que prevé concluir la exhumación la próxima semana.

Tras la exhumación comenzará el trabajo de laboratorio y la comprobación de la identidad de cada fusilada con el ADN de sus familiares antes de darles sepultura en el lugar que elijan los allegados.

El arqueólogo explica el "ensañamiento" del verdugo con las mujeres

Castro ha explicado al consejero de Gobernación y Justicia, Francisco Menacho, y al presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos, que han asistido hoy a los trabajos, que en esta fosa común es en la que ha encontrado más "ensañamiento" por parte de los verdugos entre las ocho fosas de la Guerra Civil que ya ha abierto en Andalucía.

Así, ha dicho que sólo en el entorno de los cadáveres han encontrado medio centenar de casquillos de balas de tres armas diferentes, dos de ellas de fusiles y otras de una pistola de 9 milímetros largo para los tiros de gracia.

Continuarán las ayudas

El antropólogo Juan Manuel Guijo, por su parte, ha asegurado que "sin duda alguna" todos los restos localizados son de mujeres porque así lo determinan las pelvis encontradas, y en uno de los esqueletos recompuestos que han mostrado se constata que tenía lesiones artrósicas a pesar de la juventud de la fallecida.

Tras visitar la fosa común, Menacho ha dicho a los periodistas que la Junta va a mantener las ayudas económicas para estos trabajos, que en el caso de Gerena serán algo más de 24.000 euros, a pesar de que casi todas las comunidades autónomas y el Gobierno del PP quieren "darle carpetazo" porque "nunca han creído" en estas iniciativas.

El presidente de la Diputación, al que acompañaban la alcaldesa de Gerena, Margarita Gutiérrez, y el alcalde de Guillena, Lorenzo Medina, ha dicho que viendo la fosa "se le pone a uno la carne de gallina", y ha añadido que "uno piensa que es imposible" que se produjeran esos fusilamientos, "pero ocurrieron" por la "sinrazón".

Villalobos ha afirmado que la Diputación mantendrá las ayudas para estas exhumaciones "hasta el último momento", y ha dicho que estarán con los familiares de los fusilados "hasta el final".

lunes, 23 de enero de 2012

Investigar no es delito


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Merece justicia

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Marcos Ana, preso de conciencia en el franquismo. Foto de Sofía Moro.



“Mucha gente dice que hay que pasar página, y yo digo, sí, pero después de haberla leído. No es posible que después de 40 años de dictadura arranquemos esa página de la historia para que se la lleve el viento del olvido.”


El poeta Marcos Ana (en la foto) pasó 23 años en las cárceles franquistas, donde fue torturado y condenado a muerte dos veces. Fue uno de los primeros presos de conciencia de Amnistía Internacional.

Esta semana, el juez Baltasar Garzón se sienta en el banquillo de los acusados por no haber aplicado la Ley de Amnistía de 1977 y por haber iniciado una investigación sobre violaciones de derechos humanos durante la guerra civil y el franquismo, entre otros cargos. Crímenes como la desaparición forzada de más de 100.000 personas, torturas y miles de ejecuciones sin juicio de hombres y mujeres cuyos restos aún están en cunetas de toda España.

Investigar violaciones de derechos humanos nunca puede ser un delito. Es más: las leyes internacionales dicen que es una obligación para el Estado español, incluyendo el Poder Judicial en su conjunto.

Por eso, desde Amnistía Internacional consideramos escandaloso que un magistrado sea juzgado precisamente por tratar de revelar la verdad sobre los crímenes del franquismo.

Suma tu voz a la nuestra y exige verdad, justicia y reparación para las víctimas del franquismo y sus familiares:

-- si estás en Twitter, grita con nosotros que #investigarnoesdelito (y búscanos en @amnistiaespana);

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Como todos los crímenes internacionales, en cualquier lugar del mundo, los crímenes del franquismo no prescriben. Como tampoco pasa el inmenso dolor de las familias, que persisten en la búsqueda de verdad y justicia para sus seres queridos.


Contra la impunidad, necesitamos que sigas apoyándonos y te unas a nosotros. Amnistía Internacional no solicita subvenciones a ningún gobierno nacional para proteger su independencia, y por eso tu ayuda es tan necesaria. Cualquier contribución, por pequeña que sea, nos permite seguir dando voz a las víctimas ante cualquier gobierno.

Gracias por apoyarnos en la defensa de los derechos humanos.

Esteban Beltrán
Director Amnistía Internacional España




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martes, 17 de enero de 2012

Fraga: "La mejor parte del país fue la que se alzó el 18 de julio"

Ministro con Franco, Manuel Fraga siempre reivindicó el golpe de Estado de 1936.

PÚBLICO.ES Madrid 15/01/2012 23:45 Actualizado: 16/01/2012 09:02

Francisco Franco saluda a Manuel fraga Iribarne. EFE

Francisco Franco saluda a Manuel fraga Iribarne. EFE

"Es evidente que el glorioso alzamiento popular del 18 de julio de 1936 fue uno de los más simpáticos movimientos político-sociales de que el mundo tiene memoria. Los observadores imparciales y el historiador objetivo han de reconocer que la mayor y la mejor parte del país fue la que se alzó, el 18 de julio, contra un Gobierno ilegal y corrompido, que preparaba la más siniestra de las revoluciones rojas desde el poder".

La frase la escribió Manuel Fraga Iribarne, muerto hoy en Madrid a los 89 años, hace poco más de 50 desde la Oficina de Información Diplomática. Gran defensor de la dictadura franquista, que nunca llegó a condenar de forma expresa —tampoco lo ha hecho el partido que fundó, AP, transformado luego en el PP—, inicio su carrera política subido a la ola del golpe de Estado de 1936. Ocupó el Ministerio de Información y Turismo entre 1962 y 1969, siete años marcados por la Ley de Prensa, la censura y el fomento del turismo —incluso bañándose en Palomares para corroborar que las aguas no estaban contaminadas de radioactividad— como una de las bases de la economía española.

Durante el periodo en el que Fraga fue ministro se produjo el fusilamiento, en 1963, del dirigente comunista Julián Grimau tras un proceso carente de pruebas acusatorias de unos presuntos delitos ocurridos treinta años antes, durante la Guerra Civil.

Al ser detenido, Grimau fue detenido y trasladado a la Dirección General de Seguridad. Allí fue arrojado a un callejón desde un segundo piso, una caída que le produjo graves lesiones en el cráneo y en ambas muñecas. Según el relato de Grimau, en un momento de la sesión de tortura a la que fue sometido por sus interrogadores, fue agarrado y arrojado por la ventana. Estaba esposado con las manos delante. El ministro de Información, Fraga, aseguró que Grimau recibió un trato exquisito y que en un momento de su interrogatorio se encaramó a una silla, abrió la ventana y se arrojó por ella de forma "inexplicable" y por voluntad propia.

Ruano

Hubo más: el 17 de enero de 1969 fueron detenidos en Madrid cuatro estudiantes acusados de haber repartido propaganda contra el régimen franquista: Enrique Ruano, María Dolores González Ruiz, Abilio Villena y José Bailo. Ruano emula a Grimau: muere en el acto tras caer al patio interior del piso de la calle de General Mola donde había sido trasladado por la policía para efectuar un registro.

En 2007 dijo que el franquismo "sentó las bases para una España con más orden"

Fraga intentó por todos los medios atribuir la causa de la muerte a la debilidad psicológica del detenido. Para ello presenta un supuesto “diario” del estudiante en el que, según el entonces ministro de Información y Turismo, se demuestra que Ruano sufría fuertes depresiones y estaba obsesión por el suicidio.

Los sucesos de Vitoria

Asimismo, Manuel Fraga era responsable de la Policía como ministro de la Gobernación durante los sucesos de Vitoria de marzo de 1976, en los que cinco trabajadores fueron asesinados y otros cien heridos por la Policía Armada.

El 3 de marzo de 1976 era una fecha señalada en Vitoria. En enero, unos 6.000 trabajadores habían iniciado una huelga contra del decreto de topes salariales y en defensa de mejores condiciones de trabajo, y aquel día el paro era total. A las cinco de la tarde estaba convocada una asamblea general en el lugar de costumbre, la iglesia de Zaramaga. Pero, en aquella ocasión, la Policía no estaba por la labor. Al menos, eso cabe deducir de una conversación grabada entre un mando y un agente que aún se conserva. "Haga lo que le había dicho"... "­Si me marcho de aquí, se me van a escapar de la iglesia"... ­"Oye, no interesa que se vayan de ahí"... "Mándenos refuerzos, si no, no hacemos nada; si no, nos marchamos de aquí; si no, vamos a tener que emplear las armas de fuego". Y así fue.

La Policía asaltó la iglesia con 5.000 almas en su interior con gases lacrimógenos y material antidisturbio. Muchos de los congregados, presos del pánico, intentaron escapar por las salidas laterales y la puerta principal, donde les esperaban los agentes y sus disparos indiscriminados. Las balas ciegas segaron la vida de cinco personas: Pedro María Martínez Ocio, de 27 años; Francisco Aznar Clemente, de 17 años; Romualdo Barroso Chaparro, de 19 años; José Castillo, de 32 años; y Bienvenido Pereda, de 30 años. Otras cien personas cayeron heridas."¡Buen servicio!", dejó grabado un mando policial. "­Dile a Salinas que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. ­Aquí ha habido una masacre... ­Pero, de verdad, una masacre".

No será investigado

La muerte de Fraga se produce apenas unos pocos días después de que la Comisión por la Recuperación da Memoria Histórica (CRMH) de A Coruña intentara que el ministro franquista formara parte de la causa que instruye la jueza argentina María Servini por los crímenes del franquismo.

Una época que, según dijo Fraga en 2007, sentó "las bases para una España con más orden". Para ensalzar la figura del caudillo el expresidente gallego llegó a recordar lo que en su día ocurrió en Francia con Napoleón. "Al día siguiente de matarlo era un estropajo, pero cincuenta años después lo trajeron a París, es su héroe nacional y preside el Panteón de Hombres Ilustres", evocó para matizar: "No digo que con Franco vaya a ocurrir lo mismo, sino que las figuras de ese calibre no se pueden juzgar hasta pasado un cierto tiempo".

lunes, 9 de enero de 2012

Un español pide restaurar parque de Santa Bárbara


Vista de la fuente conmemorativa diseñada por el refugiado español Arq. Tomás Auñón.
Nótese la ausencia de corona en el escudo español que figura en el extremo superior,
símbolo de la República Española. Parado frente a la fuente está Constancio Bernaldo
de Quirós hijo, octubre de 1950. Fuente: Constancio Cassá.

UN ESPAÑOL PIDE RESTAURAR PARQUE DE SANTA BÁRBARA

Un hijo de un emigrante español, de los que construyeron el parque Santa Bárbara en la avenida Mella de esta capital, deploró el deterioro que afecta a la plaza.

Juan Gil Argelés, cuyo padre vino a estas tierras en 1940 como exiliado político de la Guerra Civil española, contó que la plaza fue erigida cuatro años después de conmemorarse el centenario de la Independencia Nacional en agradecimiento a la solidaridad del pueblo dominicano.

“Los emigrantes hicieron un esfuerzo y entre todos consiguieron fondos para hacer una fuente en un lateral de la iglesia Santa Bárbara, da pena que se encuentre en estas condiciones”, explica.




Gil afirmó que fue en el 2009 cuando se percató de lo que estaba ocurriendo con la plaza, por lo que de inmediato se puso en contacto con la embajada de España en el país para comunicar su deterioro a la legación dimplomática. Un año después la Alcaldía del Distrito Nacional hizo amagos para su reparación, cosa que aún no se ha materializado.

A 67 años de su construcción, el lugar se halla completamente arrabalizado convertido en un control de guaguas y lleno de venduteros, situación que dio a conocer elCaribe en un reportaje publicado en su edición del 16 de diciembre pasado.


Vergüenza

“Debería darnos vergüenza que como españoles no hemos sabido o podido cuidar de lo poco de nuestra memoria histórica reciente y que personas ajenas a nuestra historia y recuerdos, se hayan condolido de su estado”, dijo Gil Argelés a reporteros de este medio.

Gil Argelés, quien pronunciara un discurso frente al presidente Leonel Fernández en 2010, dentro del marco de las jornadas conmemorativas del 70 aniversario del exilio republicano español en el país, puso de manifiesto su preocupación ante el mandatario sobre la necesidad de restaurar la plaza. 

A continuación parte del discurso que resume el nostálgico sentir de uno de los denominados “niños de la guerra”:



“Por respeto a la memoria de nuestros padres, ya ausentes, no quisiéramos dejar pasar por alto que fueron ellos quienes allá en el 1944, conscientes de la importancia que la confraternidad del pueblo dominicano había representado para los exiliados republicanos españoles y motivados por el simbolismo libertario que en esos momentos tenía para ellos la celebración del primer centenario de la Independencia de la República Dominicana, construyeron en la zona aledaña a la Iglesia de Santa Bárbara de esta ciudad de Santo Domingo, una hermosa fuente que simbolizaba el profundo y sincero agradecimiento que sentían hacia el pueblo dominicano”, expresó el ingeniero.

La nostalgia del exilio

Juan Gil Argelés
Ingeniero español radicado en el país

Llegó al país junto a su madre en enero de 1940 con un grupo de mujeres y niños procedente del exilio desde el municipio Cabanes, de la comunidad valenciana española, para reencontrarse con su padre, quien había salido antes de España. 

Juan Gil Argelés se siente dominicano como el que más, de ahí su preocupación por la preservación del emblemático parque que encierra lo poco que queda de aquel episodio histórico que aún está fresco en su memoria. Solicita a las autoridades retomar el proyecto de restauración de la plaza para devolverle su esplendor.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Memorias de un preso republicano

Por Dibujando la Memoria (de J. Kalvellido)

A mi abuelo, Manuel de la Peña Piñeiro
Esta es su historia. Él no pudo contarla,
así que yo recojo el testigo.

Es posible prepararse para la derrota, él ya lo había hecho; pero nadie puede estar preparado para la represión y la venganza. Alimentar el odio, dejarle crecer en los corazones, regarle con miedo y con rencor, cada día, golpe a golpe, discursos a discurso, condena a condena… Abrir un abismo insondable entre las víctimas y los verdugos, un abismo de horror, impotencia y desesperanza.

La cárcel es fría, piedra en los corazones, cuerpos hacinados, miradas perdidas, puños apretados, piernas temblorosas. El hedor es insoportable. Llega al estómago, y allí se instala hasta provocar náuseas. Y luego, en la boca, un sabor a metal y jugos gástricos.
La noche ha caído sobre ellos, una noche muy larga y muy feroz, una noche sin tregua ni alborada…Cárceles, rejas, cadenas.Muros, tapias, cementerios. Hombres escuálidos, tristes.
Hambre, miseria y silencio


 Escribir, escribir… Es la única forma de sobrevivir a la barbarie, a la soledad, a la tortura, a la muerte.
“Escribe Carmiña, escribe…” Y gracias a las cartas y los versos, que van y vienen como pájaros blancos surcando la memoria y el desastre, el aire se hace un poco respirable entre muros, tapias y cielos imposibles. Escribiendo conjura la amargura, la pena de saberse entre barrotes, con un futuro incierto y una condena injusta, incomprensible. ”La guerra, madre, la guerra”… Los versos del poeta, también encarcelado, golpean sus sienes.

Él nunca ha empuñado un arma, nunca ha hecho daño a nadie. Es demasiado joven para que su cabello se haya vuelto blanco, un mechón por cada día encerrado entre rejas, por cada condena a muerte revocada, por cada abrazo no dado a sus seres queridos, por esa juventud arrebatada en vano.

Ahora sólo las palabras lo salvan del abismo, le hacen reconocerse como hombre, no olvidarse de quién es, de quién ha sido. Es fácil sucumbir al derrotismo, cerrar los ojos y dejarse llevar.
Ha ganado la España grande y libre, y ahora ejecuta, impune, su orquestada revancha. Él es sólo uno más, una pequeña pieza de un oscuro y sórdido engranaje basado en la violencia y en el miedo, en el silencio y en la delación. Es fácil sucumbir a la mentira de que ahora todo el mundo vive en paz, es fácil creer, es fácil rendirse y renunciar.
A su lado dormita un maestro asturiano que trajeron hace unos días (¡qué terrible pecado pretender enseñar a los niños, sin cruz ni catecismo, a buscar las respuestas en los libros prohibidos!). Entre los dos ha nacido una hermosa complicidad, una fraternidad de la injusticia que les ayuda a soportar las penas.

Se han llevado al maestro. En su catre ha dejado doblado un poema:”Para tu álbum de penas”, escrito con una caligrafía impecable. Nunca volverán a verse. Pero eso él no lo sabe, como no sabe, ni tan siquiera acierta a sospechar, que será su nieta, muchos años después, la que saque a la luz ese poema, la que lo lea una y otra vez buscando en él la hermosa semblanza del que fuera su abuelo (“delgado, cimbreño, de líneas escuetas/ los ojos enormes, las manos inquietas…”).

De aquellos hombres no quedan nada más que las palabras, los poemas que escribieron, vencedores del odio y de la rabia. Nadie podrá quitarles lo que fueron. Su victoria es perdurar en nuestra memoria, aunque haya quien no lo entienda, quien no sepa la importancia de abrir las ventanas y dejar volar todas las palomas, tanto tiempo encerradas. Si les negamos ser reconocidos, si no les concedemos el merecido homenaje de ser recordados, entonces su dolor y su sacrificio habrán sido en vano, y eso si que, sus hijos y sus nietos, no vamos a consentirlo.

Todos los versos están sacados del libro Poemario a dos voces, Manuel de la peña Piñeiro y Marisa de la Peña, ed. La factoría de ediciones.
Texto: Marisa de la Peña

jueves, 24 de noviembre de 2011

Un Quijote de La Memoria

Periódico Página/12
Domingo 13 de noviembre de 2011.

UN QUIJOTE DE LA MEMORIA

Darío Rivas tiene 92 años. Llegó de niño a la Argentina y a los años se enteró de que su padre, alcalde en la provincia de Lugo, había sido fusilado por los fascistas. Hace un año inició una causa que pretende llevar a la justicia universal, ahora al otro lado del Atlántico. En una entrevista con Página/12 cuenta por qué lo decidió.

Por Rocío Magnani

Darío Rivas se despidió de su padre a los nueve años, cuando lo subieron a un barco rumbo a Buenos Aires. Lo volvió a perder a los 17, fusilado por oficiales franquistas, según le comunicaron en una carta; y le dijo adiós, por tercera vez, hace seis años, en el cementerio de Loentia, Galicia, donde logró enterrarlo tras décadas de búsqueda. Pero el hombre, gallego de raza, no se conforma ni olvida. Tiene casi 92 años y encabeza en la Argentina, donde vivió casi toda su vida, una denuncia para que los crímenes del franquismo no queden impunes. Pide justicia por su padre, Severino Rivas, que fue alcalde del ayuntamiento Castro de Rei, en la provincia de Lugo, cuando lo detuvieron y luego fusilaron “por traición a la patria”, el 29 de octubre de 1936.

El sol deslumbra la casita de rejas verdes de la calle Caxaraville, en Ituzaingó. Cruzando los primeros dormitorios, Darío Rivas espera en un banco de piedra del jardín, con la vista perdida o, quizás, la memoria aferrada a algún recuerdo. Viste de traje, corbata celeste y chaleco de lana. Acaba de regresar del centro porteño y, a pesar de los casi 92 años que cumplirá en febrero, lo hizo en tren. Sobre una mesa ratona de su living, amontona algunos artículos sobre su último viaje, en agosto pasado, a España, para participar de un foro en la Universidad de Salamanca. Además, aprovechó la visita para sumarse a la Ronda de la Dignidad en Puerta de Sol, que se hace cada jueves, en simultáneo con la que realizan las Madres de Plaza en torno de la Pirámide de Mayo. En esa manifestación denunció que a más de 75 años del inicio de la Guerra Civil, “los culpables no han sido juzgados, el gobierno de España no busca a sus desaparecidos y muchos niños secuestrados no conocen su verdadera identidad”. “Eso es una vergüenza, no de España sino de la humanidad –cree Rivas–. Es dejar vivo el antecedente de un genocidio impune que van a pagar las generaciones futuras. Por eso, si no lo hacen ellos, como debería ser, lo haremos desde aquí”, desde Argentina. “Lo haré yo, un viejo, desde Ituzaingó”, se ríe.

“(Francisco) Franco prometió antes de morir que detrás de él todo iba a quedar ‘bien atado’. Y así fue. En España siguen viviendo la dictadura franquista. El hizo las leyes, nos impuso el tipo de gobierno que quiso (monarquía parlamentaria) y nombró al rey (Juan Carlos de Borbón) como su sucesor. Dos años después de su muerte, en 1977, los funcionarios de la Falange sancionaron la Ley de Amnistía, que establece que nadie puede ser juzgado por crímenes políticos cometidos en esa época. Y desde entonces no cambió nada”, asegura Rivas a Página/12.

–Usted vino de muy chico a Buenos Aires...

–Cuando tenía nueve años.

–¿Qué recuerdos tiene de su padre?

–Y... de él me acuerdo mucho. Recuerdo que era un padre excepcional para esa época. Me ha llevado al teatro cuando yo era sólo un niñito de aldea para que conociera algo del mundo. Vivíamos bien. Yo era el más chico de nueve hermanos, mi madre había muerto cuando tenía cinco. Por ese tiempo, además de labrador, mi padre hacía durmientes para el ferrocarril. De todos modos, él sabía que mi futuro en España iba a ser malo y como acá tenía tres hermanos, me subió al barco. Cuando llegué al país, no había pisado nunca una escuela.

–Su padre, ¿ya era alcalde cuando usted emigró?

–No, eso fue unos años después, pero mi padre ya era un hombre de respeto. Cuando la República ganó las elecciones, lo primero que él hizo como gobernante fue traer un maestro del Estado y habilitar nuestra casa para poner la escuela. No cobraba ni alquiler, ni nada. En una oportunidad en que llego a España, un amigo mío me dice: “Oye, yo estudié en tu casa”. Y yo: “Mira qué negocio, tú estudiaste en mi casa, y yo tuve que hacer 12 mil kilómetros para ir al colegio”. Cuando llegó Franco, a los primeros que mataban era a los maestros, porque como daban un poco de inteligencia, los calculaban comunistas, rojos o lo que sea.

–Y él era socialista, ¿no?

–No. Ahí te equivocás, nena. A él le gustaba ayudar a los pobres y practicaba el socialismo del corazón, no como estos caudillitos de la sociedad española que dicen que son socialistas y no lo son. ¿Qué es ser socialista? ¿Zapatero es socialista? ¿El, que no hace nada para que se juzguen los crímenes de Franco? El socialismo hay que practicarlo con el corazón, no hablando. Si no, es una farsa. Hace algunos años, el ayuntamiento de Castro de Rei decidió ponerle el nombre de mi padre a una calle en homenaje a sus actos. Entonces, hicieron una evaluación de su gestión y lo que descubrieron es que le sobraban méritos. Así que allá está, la Rua Severino Rivas.

–¿Por qué actos lo distinguieron?

–Mi padre le daba algo de propiedad (de tierras) a la gente que no tenía nada que comer para que sembraran. Porque España fue un país feudal y se pasó hambre, aunque no lo dice nadie. Los únicos que comían eran los curas, los militares y los señores feudales. Estaba lleno de gente con tuberculosis. A mi padre primero lo procesaron por revolucionario porque no permitió que la gente pagara impuestos en una feria. El recaudador le preguntó por qué se metía y él respondió: “Pero si esta gente no vendió nada, ¡cómo le vas a pedir los impuestos y encima aumentados!”. Entonces el recaudador llamó a la Guardia Civil, que llegó a caballo, montando de a dos, y para reprenderlo, lo atropellaron. Mi padre no era hombre que se dejara tratar de esa forma, así que los bajó de la montura a los golpes. La conclusión del asunto: lo llevaron a la cárcel.

–¿Cómo se enteró de su asesinato?

–A los 17, por carta. Yo sabía que algo así podía pasar porque los militares en España siempre son los mismos: estudian para matar y casi toda la vida se les concreta la idea. Es un defecto de nacimiento, y no sólo de los españoles. Peor, si después no se condenan sus crímenes. En la Universidad de Salamanca me preguntaron si yo perdonaba a España... Y si perdonar significa callar u olvidar, no, yo no perdono. Yo acuso. Porque a España no le debo nada y porque si hago esto es por esperanza, jamás por rencor. Por eso, si el juicio no fuera bien o hubiera problemas, yo voy a renunciar a la ciudadanía española con una declaración por la permanente injusticia que se vive todavía.
Buscar verdad

“Papá, descansa en paz, te lo pide tu hijo mimado.” Esas palabras fueron las que, tras décadas de incertidumbre sobre el paradero de los restos de su padre, Darío logró grabar el 19 de agosto de 2005 sobre la lápida de la tumba de Severino Rivas Barja, a quien “asesinaron el 29 de octubre de 1936 los falangistas”. La placa concluye: “Volvió a casa para descansar en Paz”. Para ello, primero hubo que rastrear y exhumar sus restos.

–¿Cómo los encontró?

–Estaba de viaje en España en 2004, cuando entramos con mi sobrina a una casa de recuerdos en Portomarín. La mujer que atendía me contó que de muy joven había visto un hombre asesinado y tirado en la carretera, el cuerpo estaba tapado con un gabán. Yo recordaba que mi hermana le había regalado uno por esa época. Enseguida fui a ver al carnicero, que me llevó a ver a otro viejito que vivía al lado del cementerio y tenía enterrado a su padre allí. Pero mi padre resultó que estaba escondido detrás de una capilla de Cortepezas, a tres kilómetros de Puerto Marín.

–Empezó a investigar...

–Claro. Empecé con los viejos de esa zona y, entre ellos, uno recordaba haber visto su cuerpo tirado en la carretera y le tocó velarlo. El sabía dónde lo habían enterrado. El procedimiento de los falangistas era matemático para todo el mundo. Secuestraban, iban y sacaban a la persona de la casa, lo llevaban y lo mataban. Después, lo tiraban en la cuneta de la carretera boca arriba para escarmiento del pueblo. Y como no podía quedar el cuerpo allí, le avisaban a cualquiera para que después lo enterraran donde ellos decían.

–¿Hubo que reunir pruebas para que se autorizara la excavación?

–Sí, pero para eso estaban los registros del Archivo Histórico, que decían que lo fusilaban por “oposición a la autoridad” y “traición a la patria”. Están todas las constancias con las firmas de los falangistas, cuando le pedían al ejército y rogaban a Su Señoría que condenaran a Severino Rivas por traición a España. Cinco tiros le dieron los falangistas a mi padre, que por entonces tendría 58 años. Yo pensaba: “¡Pero cómo es que juzgan (así) a mi padre, si es que los traidores de la patria eran Franco y toda su camarilla!”. Finalmente, y con la ayuda de la Asociación de la Memoria, pudimos exhumar sus restos y enterrarlo en el panteón de la familia, en Loentia.

–Pasó casi dos tercios de su vida buscando a su padre, ¿cómo vivió las horas de exhumación?

–Tenía una gran ansiedad porque los restos habían quedado justo donde caía el agua desde la pendiente de un techo, fue muy poco lo que se recuperó y se tardó mucho tiempo. Pero sentí un gran alivio, estaba cumpliendo con mi padre. Mucha gente puede preguntarse para qué llevar flores al cementerio, si el muerto ni se entera. Pero soy yo el que necesito llevar las flores, no el muerto. Yo necesitaba encontrar algo de mi padre. Era como un mandato y una necesidad humana mía.

–¿Desde chico sentía esa necesidad?

–No, no te olvides que una cosa es cuando sos joven. Sabía que no me gustaba lo que había pasado y no pensaba volver a España nunca más. Era odio con el país porque me había tenido que ir para poder vivir, porque España no me mandaba al colegio, no me daba de comer y porque España me había robado a mi padre. Pero cuando fueron pasando los años, viajé a España y empecé a querer saber. Allá nadie me hablaba de mi padre. Había un silencio no cómplice, pero sí temeroso.

–¿Cómo es eso?

–Mis hermanos sabían dónde estaba y se llevaron el secreto a la tumba porque temían que yo hiciera algo y que me mataran a mí también. Recuerdo que la primera vez que volví a España fue en 1952, por pedido de mi mujer, que quería ver a una tía que tenía allá. Desembarcamos en el puerto de La Coruña y lo primero que vi fue a las mujeres de luto. Todas las mujeres y algún hombre de negro también, parados en la acera. Y es que iba a pasar un personaje, el mismísimo Franco, el animal ese en su coche blindado, rodeado de moros con capas de lujo haciéndole escolta. Ostentando, entre toda esa gente que había perdido a sus seres queridos. Todo era luto en España. Había mucho miedo.
Buscar justicia

Ahora, Darío Rivas quiere que los crímenes del franquismo no queden impunes. Aunque España no los juzgue, la causa que impulsó, que ya suma una decena de querellantes, apelará a los principios universales que impiden que los crímenes de guerra, por ser de lesa humanidad, prescriban.

–¿Por qué España nunca logró juzgar los crímenes de la Guerra Civil?

–Durante la dictadura, el pueblo no se animó a reclamar porque literalmente te cortaban la cabeza, ¿pero hoy? Por un lado, está la complicidad de ciertos sectores. Muestra de eso es que en el Parlamento se hayan negado en julio pasado a derogar la Ley de Amnistía de 1977 o que le hayan iniciado un prevaricato al juez (Baltasar) Garzón por tratar de investigar. Ni siquiera la Real Academia Española quiere reconocer a Franco como dictador.

–¿Y por la otra parte?

–Hay una idiotez del pueblo. En España se han perdido los sentimientos: los jóvenes no protestan por la impunidad y, a los viejos, Franco les puso tanto pánico que todavía algunos le temen hoy, en democracia.

–¿Qué quisiera que se logre con esta denuncia?

–Hay 113 mil cuerpos desaparecidos, 30 mil niños secuestrados, 2500 fosas sin abrir en las que se acumulan los cuerpos a montones. En el cementerio de Zaragoza se fusilaron 1500 contra el paredón. Es una vergüenza. Quiero que se juzgue al franquismo. Eso sería agarrar a los que queden vivos y hacer que Franco quede en la historia como un dictador y un criminal de lesa humanidad, y no en un mausoleo turístico del “Valle de los Caídos”. Que los cadáveres se recuperen para ser entregados a sus familias como héroes, y no como víctimas, porque no murieron producto de un accidente, fueron asesinados por un dictador. Muchos españoles piensan que si hay cuerpos en fosas comunes, “por algo será”. Yo no quiero que ese pensamiento exista. Me recuerda lo que escuchábamos acá en la dictadura: “Algo habrán hecho”.

martes, 20 de septiembre de 2011

"La Maleta Mexicana"



La cinta, de Trisha Ziff, fue proyectada en San Sebastián.
Aborda "La Maleta Mexicana" el exilio durante la Guerra Civil Española.

Notimex, Afp y Dpa


Periódico La Jornada
Martes 20 de septiembre de 2011, p. 9

San Sebastián, 19 de septiembre. La cineasta Trisha Ziff presentó hoy en el Festival de Cine de San Sebastián su película La maleta mexicana, con el propósito de contribuir a la memoria histórica sobre el tema de los asilados en México por la Guerra Civil española. Este lunes se proyectaron Los pasos dobles, del director español Isaki Lacuesta y el pintor Miguel Barceló, y The Deep Blue Sea, del británico Terence Davies, que compiten pr la Concha de Oro.

En los cines Príncipe, donde se presentan las películas de la sección Made in Spain, Ziff hizo un homenaje a los fotógrafos, porque gracias a su trabajo, dijo, puede preservarse la memoria histórica.

Más de 4 mil 500 negativos

El documental aborda la historia de unas cajas que se perdieron a comienzos de los años 40 y que contenían más de 4 mil 500 negativos sobre la Guerra Civil, de los fotoperiodistas Robert Capa, David Chim Seymour y Gerda Taro, originarios de Hungría, Polonia y Alemania, respectivamente.

Foto
Robert Capa, camino a Omaha Beach el 6 de junio de l944. Foto tomada de Doscenturias.com

Ziff, nacida en Inglaterra, recordó a dos de sus amigos: un fotógrafo que recientemente murió en Libia y "mi amigo y mentor, Baltasar Garzón, quien ahora no puede ejercer".

Señaló: "La importancia de estar en este festival es mostrar mi película al público español y conocer su reacción".

Al referirse a los 4 mil 500 negativos de Capa, Taro y Chim Seymour, que fueron encontrados en un departamento de la ciudad de México, Ziff aseveró: "Son sólo una parte de mi proyecto. Para mí, cuando México abre sus puertas a los refugiados españoles, es igual de importante que la historia de los negativos. Estos son algo simbólico, su ruta es la de la gente que sale de España", subrayó.

Explicó que la película está dividida en tres partes: una es la de los negativos, la otra el exilio y la tercera lo que pasa en España hoy en relación con la memoria sobre ese suceso. "Esta última es una parte importante de la historia; hay una persona que quiere saber qué pasó y otras que dicen que no, que el pasado no es relevante, que es el presente lo que importa", afirmó.

"Ojalá que mi película pueda decir a la gente que es importante conocer el pasado", insistió.

Refirió que en México hay una comunidad de exiliados, que ya son mexicanos, y ellos saben qué pasó en España, guardan la memoria, "pero aquí los chicos no saben nada, no tienen idea de lo que ocurrió. En España, la memoria se perdió", afirmó.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Un pueblo toledano homenajeará "a los caídos por Dios y por España"

Públicado el 2 de septiembre de 2011 en el diario "Público".

El acto, en el que participará el Ejército, se llevará a cabo durante las fiestas de la localidad de Méntrida.

El Ayuntamiento toledano de Méntrida ha organizado un "Homenaje a la bandera y a los caídos por Dios y por España", en el que participará el Ejército, que ha provocado el rechazo del Foro por la Memoria e IU, que han pedido a la ministra de Defensa y a la Subdelegación del Gobierno que lo eviten.

El programa de las fiestas patronales de Méntrida incluye un "Homenaje a la bandera y a los caídos por Dios y por España" el miércoles día 7, en el que participará una sección del Regimiento de Transmisiones y otra de Música bajo la presidencia del general de Brigada Juan Valentín Gamazo de Cárdenas.

El propio Ayuntamiento, gobernado por el PP, ha remitido hoy información a los periodistas sobre este acto, que se enmarca en las fiestas patronales del municipio, aunque ha variado ligeramente la denominación de la actividad quedando como "Homenaje a la bandera y a los caídos por España".


Tras la polémica levantada el alcalde de Méntrida, José Sánchez, ha pedido disculpas y ha asegurado que se ha hecho una "mala interpretación" del acto. El alcalde, convencido de que la polémica ha surgido por la inclusión de la palabra "Dios" en el título del acto, ha insistido en que esto no se ha hecho con "ninguna maldad", aunque, ha admitido, no ha sido "acertado".

Por su parte, el presidente del Foro por la Memoria de Toledo, Emilio Sales, ha remitido a la ministra de Defensa, Carme Chacón, un escrito para que evite la participación del Ejército en este acto.

Sales considera "asombroso" que el Ejército "se preste a asistir a actos de homenajes a golpistas" y considera que este hecho "no tiene parangón en ninguna democracia de nuestro entorno político".

Asimismo, la concejala de IU en Méntrida, Concepción Lozano, ha solicitado a la Subdelegación del Gobierno en Toledo que suspenda este homenaje "por suponer un acto ilícito de apología y enaltecimiento de régimen franquista y el levantamiento militar de 1936".

Argumenta que la expresión "caídos por Dios y por España" refleja "uno de los elementos simbólicos de la memoria del régimen franquista" teniendo en cuenta que después de la Guerra Civil se colocaron placas con este lema en numerosos municipios de España "en homenaje o memoria de los que apoyaron el levantamiento y al régimen dictatorial que gobernó España".

También cita que el artículo 5 de la Ley Orgánica reguladora del Derecho de Reunión (1983) mandata a la autoridad gubernativa a suspender las reuniones o manifestaciones que se consideren ilícitas de conformidad con las Leyes penales.

jueves, 8 de septiembre de 2011

18 de Julio

Publicado en El Barquito de Nuez el 18 de julio de 2011.
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Hace setenta y cinco años, unos cuantos (en representación de otros tantos, ocultos como de costumbre) le robaron sus armas a todo un pueblo y las voltearon en su contra. Nada nuevo. Hasta que recordamos que aquel pueblo no sólo no se agachó sino que alzó la voz y no se calló (ni cayó) ni al verse abandonado por todo y por todos, al contrario, continuó gritando entre aciertos y errores, defendiendo lo que con su sangre de todos los siglos se había ganado ya.
La muerte también tiene su talón de Aquiles, lo puede todo sólo si el olvido la acompaña. Para que el grito que ahora todos quieren ignorar no quepa en un diccionario biográfico, basta con que los que de la tragedia nacimos no olvidemos nunca nuestra extraordinaria suerte -que a ellos no acompañó, ni por su ausencia los amedrentó-, y que lejos de convertirla en motivo o justificación para la apatía, sea el aire que se necesita para expulsar cada palabra con fuerza, y así siempre irá por nuestra cuenta que, hasta que las leyes -y no sólo la Historia, que ya lo ha hecho- pongan a cada quien en su sitio, ninguna fecha como la de hoy tenga un sólo minuto de silencio en ningún lugar, todo lo contrario: el grito en el cielo, el grito en la tierra o allí en donde haga falta, hasta que por fin ya no haga falta más y, entonces sí, podamos dejarlos descansar.


“En 1936, el pueblo español tomó la palabra, por primera vez en la Historia. Instintivamente, atacó primero a la Iglesia y a los grandes propietarios, representantes de una antiquísima oposición. Quemando las iglesias y los conventos, matando a los sacerdotes, el pueblo designaba con toda claridad a su enemigo hereditario.
Del otro lado, del lado fascista, los crímenes eran cometidos por españoles más ricos y más cultivados. Eran cometidos -el ejemplo de Calanda puede extenderse a toda España- en mayor número, sin verdadera necesidad, con una frialdad mortal.
Eso me permite decir hoy con cierta serenidad que, en el fondo, el pueblo es más generoso. A nadie se le escapaban las razones que tenía para sublevarse. Si durante los primeros meses de la guerra me horrorizaron ciertos excesos cometidos en el lado republicano (nunca he intentado ocultarlos), muy pronto, a partir de noviembre de 1936, se instauró un orden legal y cesaron las ejecuciones sumarias. Por lo demás, nosotros hacíamos la guerra contra los rebeldes.
Toda mi vida me ha impresionado enormemente la famosa fotografía en que, ante la catedral de Santiago de Compostela, se ve a unos dignatarios eclesiásticos, revestidos con sus ornamentos sacerdotales, haciendo el saludo fascista junto a varios oficiales. Dios y la patria están allí codo con codo. No nos traían más que represión y sangre. (...)
Lo que me digo ahora, mecido por los sueños de mi inofensivo nihilismo, es que el mayor desahogo económico y la cultura más desarrollada que se encontraban al otro lado, en el lado franquista, hubieran debido limitar el horror. Pero no fue así. Por esta razón, a solas con mi dry-martini, dudo de las ventajas del dinero y de las ventajas de la cultura.”

- Luis Buñuel (Calanda, España 1900 -
Ciudad de México 1983), Mi Último Suspiro (1982).


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Juan C. Muñoz,
Ciudad de México,
lunes,
dieciocho de julio
de dos mil once.

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viernes, 15 de abril de 2011

Los niños de la Guerra Civil española en Dinamarca. Por Jose Ceballos (02/12/2010).


Desde pequeña sentí curiosidad por las cosas que mi madre contaba sobre su estancia en Dinamarca durante la guerra civil y la emoción y el cariño con que ella recordaba al pueblo danés. Hace cinco años me decidí a conocer un poco más sobre su historia. Escribí a la embajada danesa para saber si ellos podían proporcionarme algún tipo de información y me remitieron al “Museo del Obrero”, uno de los más importantes de Copenhague, donde se conserva gran parte de la historia de este grupo social desde los inicios de la revolución industrial. Envié un e-mail al museo solicitando información y me contestó la Sra. Dorte Hansen, agregada cultural del museo, que muy amablemente se ofreció a ayudarme, iniciándose así nuestra correspondencia. Entre la documentación que me envió se encontraba una lista de 122 niños y niñas en la que se encontraban el nombre de mi madre y mis tíos como parte del grupo que en 1937 había sido acogido en aquel país. Tras un año de correspondencia con la Sra. Dorte, que para entonces ya estaba muy implicada en mis investigaciones, mi madre y yo decidimos viajar a Dinamarca. El hecho de ir acompañada con un protagonista directo de aquellos hechos me facilitó mucho las cosas. A nuestro regreso tuve la oportunidad de publicar un artículo en el periódico El Comercio de Asturias  y fue así como contacté con varios de los supervivientes de aquella experiencia, que me ayudaron con sus recuerdos a esclarecer esta parte de la historia del exilio republicano. Comencé entonces a reconstruir la historia de estos niños desde su salida de Santander hasta su regreso a casa.
 
En agosto del 37, cuando la guerra civil española estaba en pleno auge, se creó “El Consejo Nacional para la infancia evacuada” con la intención de poner a salvo a los más pequeños; más tarde se creó “El Comité Internacional de Coordinación”, porque los niños estaban siendo repartidos por diferentes países. Estos organismos dependían del Ministerio de Instrucción Pública y los niños de entre 5 y 15 años podían ser inscritos en las oficinas de “Asistencia Social”, que se hallaban en la calle Hernán Cortés, nº9,entresuelo, antes llamada calle General Espartero, para enviar a los niños temporalmente a Francia.
 
El día 1 de Agosto de 1937, salió de la estación de Bilbao, situada en la Plaza de las Cachabas, un tren cargado de niños con el emblema de la cruz roja en el techo de cada vagón. Este convoy iba en dirección a Gijón (Asturias).  Desde Santander salieron niños vascos que se encontraban refugiados allí y, sobre todo, cántabros, que se unieron a un numeroso grupo de niños asturianos en el puerto del Musel en Gijón. Allí les esperaba un barco carbonero francés, llamado Ploubalanec, que los llevaría a Burdeos. Salieron de Gijón al atardecer, escoltados por dos barcos ingleses. Todos recuerdan el miedo que pasaron porque los buques nacionales el  “Almirante” y el “Cervera” les persiguieron en su salida; incluso recuerdan el sonido de las bombas que estos lanzaron a modo de amenaza. Llegaron al puerto de Pauillac, cerca de Burdeos, a media mañana del día 2. Después de darles algo de comer los llevaron en tren hasta Saint-Cloud, en Val d’Or, cerca de París, donde fueron alojados en una antigua fábrica de coches acondicionadapara la ocasión,junto con miles depersonas, entre niños y adultos. Allí fueron alimentados y vacunados. Tras mes y medio de estancia en Francia los niños fueron distribuidos a otros países. Al despertar la mañana del 21 de septiembre, cada niño tenía un cartel a los pies de la cama con el destino que les daban: Rusia o Dinamarca. Así se seleccionó el grupo de 122 niños entre vascos, cántabros y asturianos.
 
Durante nuestra visita a Dinamarca pude comprobar la implicación que el pueblo danés había tenido desde el inicio de la guerra civil en España. La opinión pública danesa conocía la terrible situación que se estaba viviendo en España gracias a la labor de la “Fundación Matteoti“, una de las primeras organizaciones creada en París para ayudar a los niños españoles, y más tarde se creó un comité en Dinamarca, “The Danish Nationalwide Collection for the help for distressed spanish women and children”, que se encargó de colectar y gestionar las ayudas enviando tanto ropa como comida para las mujeres y niños refugiados en las colonias españolas situadas en Cataluña.
 
En Julio de 1937, el encargado de negocios español en Dinamarca había pedido al Comité de ayuda danés que se hiciera cargo de alguna colonia de niños en su propio territorio, ya que la situación en Francia era insostenible. En respuesta a esta petición se creó el “Comité para la residencia de los niños españoles en Dinamarca”, y el Ministro de justicia dio su visto bueno para albergar de forma temporal un pequeño grupo de niños españoles. Uno de los personajes implicados en este comité fue el socialdemócrata Hans Hedtoft-Hansen, miembro del Parlamento y lider de la fundación Matteoti. El Comité se encargó de recoger fondos para el mantenimiento de los niños. La colecta de estos fondos comenzó de forma tradicional, pidiendo contribuciones a todo el pueblo danés. Por 50 coronas al mes podían apadrinar uno o varios niños. Esta opción fue muy bien acogida entre particulares, centros de trabajo, compañías y asociaciones de distinta índole. Las contribuciones de juguetes y ropa eran bien recibidas también. La campaña iniciada por el Comité tuvo un gran apoyo popular, incluso el Rey de Dinamarca y empresas como la Compañía cervecera Calsberg apadrinaron niños españoles.
 
Mi madre y yo tuvimos la oportunidad de comprobar que todos los periódicos de la época dedicaban una o varias columnas diarias a los distintos incidentes de la vida de los niños. Frases como “estos valientes pequeños refugiados” o“con sus grandes ojos marrones”, algo exótico en aquel país Nórdico, eran comunes en la prensa diaria.
 
Los niños, acompañados de algunos maestros y maestras españoles, fueron enviados en tren hasta Dunkerque. Allí fueron embarcados en el A.P. Bernsdorff hasta Esbjerg y, finalmente, Copenhague. El día 22 de septiembre llegó un primer grupo 14 niñas y 56 niños; el día 29 del mismo mes llegó el segundo y último grupo, con 52 niños más. Todos coinciden en que el recibimiento fue muy cariñoso. Al llegar al puerto les regalaron una banderita danesa y una bolsa de golosinas. A su paso por todas las estaciones desde Esbjerg, a través de la isla de Fionia, hasta Copenhague la gente salía a recibirlos en todas las estaciones. Los niños fueron alojados en un colegio situado en Ordrup, una zona residencial a las afueras de la capital. El día 20 de Octubre un grupo de 30 niños, los más mayores, fueron enviados a un colegio de verano en la playa de Hasmark, en Odense. Esta colonia era mantenida por sindicatos locales y un buen número de comerciantes que lesproporcionaban distintos materiales. La vida de los más pequeños en Ordrup estaba muy bienorganizada. Los niños tenían clases, impartidas por profesores españoles, gimnasia, talleres, excursiones, visitas, y todos participaban en la limpieza y organización de la colonia. Tenían además un equipo de fútbol que llegó a ser muy famoso en las competiciones organizadas por los colegios de los alrededores.
 
Entre las cosas que más les impresionaron de aquel país algunos recuerdan las escaleras eléctricas que aún no existían en España; otros, el poder contar con agua corriente, o la cantidad de comida que les servían hasta saciarse.
También pudimos visitar el colegio San Andrés, en Ordrup, donde habían estado alojados, pero fue imposible para mi madre reconocer el edificio, ya que había sido parcialmente destruido durante la 2ª Guerra Mundial.
 
Visitamos la Biblioteca más grande de Dinamarca, situada en un pueblo cercano a Copenhague, donde pudimos consultar, incluso fotocopiar, unos libros donde se registraban los nombres de los niños, su procedencia, su edad y sus respectivos padrinos. Cada niño tenía entre 4 ó 5 que podían ser empresas, asociaciones o particulares, que se encargaban de las distintas necesidades, e incluso los llevaban a sus casas en los periodos vacacionales. Asimismo pudimos consultar un libro donde quedaron registrados los análisis médicos que les realizaron a su llegada, con datos como la altura, el peso, el estado de su dentadura, etc.
 
Entre el profesorado español desplazado a Dinamarca para encargarse de la enseñanza de los niños estaban Filomena Ruiz Rebollo, Cionin Ruiz Rebollo y Luis Cubel; más tarde se incorporaron Alexandre Solana Ferrer y su mujer.
El director era Zabala, un personaje argentino que había sido campeón de maratón. Todos le recuerdan como una persona dura y cruel que les golpeaba y castigaba a menudo y sin motivo. A los pocos meses de su estancia en el campamento fue descubierto cuando intentaba, aprovechando un viaje del equipo de futbol, pasar a los niños a territorio alemán para entregárselos al gobierno de Hitler, que pretendía dárselos a Franco, y fue expulsado. Su puesto fue ocupado por D. Jesús Revaque Garea, hasta entonces exiliado en Francia. D. Jesús Revaque era un maestro de Valladolid afincado en Santander. Había sido director del colegio Menedez Pelayo, y además de que muchos de los críos ya habían sido alumnos suyos en Santander, enseguida supo ganarse el cariño de todos los niños y adultos de la colonia. El resto de la plantilla lo formaban 8 personas danesas, entre ellas Krag-Müller, un veterano jugador de fútbol internacional que se encargaba de las clases de gimnasia y deportes.
 
A finales del mes de mayo los niños son reunidos de nuevo en el colegio de Vejstrup, cerca deSvendborg, en plena naturaleza y muy cerca de la playa. Por un lado, el colegio de Hasmark tenía que iniciar su función habitual como campamento de verano para niños daneses y, por otro, el colegio San Andrés de Ordrup había incrementado mucho el alquiler. En este nuevocolegio se concentraron 96 niños. Los periódicos mencionan que algunos de los niños habían sido devueltos a Francia al poco tiempo de llegar, que otros habían sido reclamados por sus padres al lograr salir de España, que dos regresaron para unirse con sus hermanos en un campamento francés y tres fueron adoptados por familias francesas, mientras que una de las niñas, Dionisia Contreras Larena, de 9 años y natural de Portugalete, había muerto. Todos los protagonistas con los que he podido hablar recuerdan este episodio como algo muy triste, aunque ninguno recuerda como ocurrió, ni cuál fue la causa de su fallecimiento. En este nuevo campamento los niños continuaron con sus clases y actividades, además de ir a la playa, organizar excursiones y reuniones en las que recitaban poesías, cantaban, representaban pequeñas piezas o bailaban bailes tradicionales de su tierra para entretener a sus visitantes. La vida de los niños trascurría apacible y feliz, ajenos a los problemas que su presencia estaba provocando en el gobierno danés.
 
El gobierno de Franco en Burgos mostró un gran interés en la repatriación de los niños, pero dado que no existían relaciones diplomáticas entre los gobiernos danés y franquista, el embajador alemán, Alfred Tweede, actuó como mediador, solicitando una lista completa de los niños, que le fue denegada por el ministro de asunto exteriores danés.
 
En Abril de 1938, la presencia de los niños españoles se convirtió en un tema candente dentro del Parlamento danés. El Sr. Purshel, un parlamentario simpatizante con el régimen fascista, defendía en la postura alemana de entregar los niños al gobierno de Franco y reconocer así la legitimidad de éste, según habían hecho ya Inglaterra y Francia. Por su parte, el Sr. Larsen, comunista, y el Sr. Hancroft, socialista, defendían la estancia de los niños. En Agosto, el comité se reunió con el delegado de la España Republicana en Dinamarca para decidir el futuro de los niños y acordaron finalmente enviarlos a Francia, entre otras razones porque la situación política en Dinamarca era muy delicada, así como por problemas financieros, ya que resultaba más barato mantener la colonia en Francia, además de ser más fácil la repatriación desde allí.
 
El 24 de septiembre los niños abandonaron su colonia en Vejstrup. Todos recuerdan que fue un día muy triste. Le entregaron a cada uno una maleta con sus iniciales llena de ropa, regalos y un pequeño libro que contenía fotos y detalles de su vida en Dinamarca, además de una carta de despedida escrita por el comité, donde les expresaban su tristeza y su deseo de un feliz regreso a casa. El trayecto a Francia fue el mismo que habían realizado un año antes. Fueron albergados en el castillo de Bessy cerca de París. Esta nueva colonia se mantenía con fondos daneses, gestionada por “la Comisión Internacional para los niños españoles evacuados”, cuyo lider era el Sr. Solana Ferrer y el supervisor danés, el Sr. Henrik Seedorff, de la embajada de Dinamarca en París.
Allí se intentó en todo lo posible que los niños continuaran con su vida diaria, clases, talleres, deportes, etc.
 
Varios niños, sobre todo los mayores, fueron enviados a otros campos, otros se reunieron con sus padres, y la colonia acogió a otros pequeños necesitados.
Un gran número de niños abandonaron el campamento el 30 de Abril de 1939, entre ellos mi madre y sus dos hermanos. Un año más tarde, el día 1 de Abril de 1940, la ayuda danesa fue definitivamente interrumpida por el estallido de la 2ª Guerra Mundial. Muchos de los niños que quedaban fueron trasladados a otros campamentos en Francia o Bélgica, de acuerdo con el desarrollo de la Guerra Mundial; otros regresaron a casa por su propia cuenta. Algunos fueron retenidos en la frontera con España y obligados a trabajar para el ejército francés, limpiando camiones, establos o realizando tareas de diversa índole. Allí permanecieron varios meses viviendo en unas condiciones miserables, pasando hambre y frío, hasta que fueron embarcados en un tren hacia España.
Algunos me contaban que al entrar por la frontera había grandes montones de dinero republicano y los soldados les animaban a cogerlo, entre risas, porque ya no tenía ningún valor. Cuando llegaron a sus respectivas ciudades se les llevó a orfanatos; en el caso de Santander, fueron entregados en La Gota de Leche. Al ir sus padres o familiares a recogerlos les obligaban a firmar un documento en el que culpaban al gobierno de la República como único responsable de la evacuación de los niños en contra de su voluntad. Mi abuela se negó a firmar dicho papel y eso le produjo algunos problemas, aunque finalmente logró reunir de nuevo a toda la familia. Los niños cuyos familiares habían desaparecido o se encontraban en prisión se quedaban a vivir en el orfanato.
 
Hace dos años Iñaki Ibisate (realizador asturiano), me propuso realizar un documental sobre mi investigación histórica, tuvimos la suerte de contar con muchos de sus protagonistas, gracias, entre otras, a la inestimable ayuda de José Cezón, periodista de El Comercio, gente encantadora que nos dio la oportunidad de conocer de primera mano experiencias muy diversas, recuerdos de una historia dura y cruel, pero todos coinciden en una cosa: el agradecimiento y cariño que, después de 70 años, aún sienten por el pueblo danés. Tras varias averiguaciones descubrímos que existía una filmación del año 1937, con imágenes de unos niños refugiados en suelo danés. Escribí a varias bibliotecas y videotecas hasta que la localicé en el Danish Film Institute de Copenhague, donde se ofrecieron a enviármela muy amablemente.
Cuando recibí la película no sabía muy bien qué era lo que me iba a encontrar. Fue uno de los momentos más emocionantes que he vivido en toda esta andadura cuando pude ver a mi madre, una preciosa niña de 8 añitos, con cara de asustada, esperando en una estación para subirse a un tren hacia un destino desconocido. En otras imágenes aparece asistiendo a clase con D. Jesús Revaque, haciendo gimnasia, juegos y distintas actividades.
 
El día 13 de Septiembre de 2008 conseguimos, Iñaki Ibisate y yo, reunir a muchos de estos niños de la guerra en torno al monumento llamado “Elogio del Horizonte”, erigido en Gijón, a pocos metros del puerto del Musel, de donde habían partido hacía tantos años. Fue una jornada inolvidable para mí, llena de emociones y cariño, produciéndose encuentros realmente conmovedores. Frases como “es mi segunda patria”, “cariño, todo el que quisieras”, “nos trataron como a reyes” o “me emociono cuando hablan de Dinamarca” fueron comunes en aquel encuentro y nos dan una idea del afecto con que estos “niños” recuerdan aquel país 70 años más tarde. El título que Iñaki Ibisate le puso a este documental es Elogio al Horizonte (Iñaki Ibisate, 2008), porque, como alguien dijo una vez, “La verdadera patria del ser humano quizá se encuentre en el horizonte”. Espero que nunca nos encontremos en una situación semejante, que nunca cerremos los ojos ante la realidad de personas que hoy están pasando por ella.

lunes, 14 de febrero de 2011


Diccionario Inteligente
13 Febrero 11 - Madrid - Ernesto Villar
Los expertos de la empresa Cóndor Georadar han confirmado ya la presencia de al menos cuatro enterramientos en el escenario de la batalla del Jarama, cuyo análisis pormenorizado puede aportar mucha luz sobre el destino de una parte de los 17.000 soldados que murieron en la demoledora (para unos y otros) batalla del Jarama.
Las máquinas comenzaron este lunes a rastrear todo el escenario de esta batalla, que se le libró en febrero de 1937, hace ahora 74 años, y que terminó en tablas después de que las tropas franquistas no consiguieran tomar la última vía de acceso a la capital que les quedaba por controlar.
Esta operación de memoria histórica, a cuyo desarrollo ha tenido acceso larazon.es, es la más importante que se emprende hasta la fecha en España por el volumen de cuerpos que se espera localizar, por los medios empleados (un radar terrestre, un globo para hacer fotografías infrarrojas y termográficas a cien metros de altura y un sónar de barrido lateral para mirar bajo el agua) y sobre todo porque busca muertos de los dos bandos, sin distinciones.
A la espera de procesar la ingente cantidad de información que se ha recogido en cinco días de trabajo (ocho gigas de datos captados por el georradar y 2.000 fotografías), la primera impresión sirve para confirmar las hipótesis de trabajo: a la sombra del cerro del Pingarrón, donde se libraron los combates más encarnizados, se han encontrado dos fosas del bando nacional, una de legionarios y otra de regulares marroquíes a las órdenes de Franco.
¿Cuántos cuerpos? “Creemos que puede haber unos 200”, explica el historiador Jesús González de Miguel, autor de “La Batalla del Jarama”, y que asiste con expectación al trabajo del radar. “Hasta que no analicemos toda la información captada por el georadar no podremos precisar, pero la fotografía infrarroja y termográfica ya ha detectado anomalías en el terreno, signo inequívoco de que ahí hay algo”, explica Luis Avial, responsable de Cóndor Georadar.
Además, se ha confirmado la presencia de otras dos fosas de brigadistas internacionales al servicio de la república en la conocida como “carretera hundida”.
En total, como ya informó La Razón el pasado domingo, se esperan localizar al menos siete cementerios improvisados de soldados. Dos de ellos son del bando franquista (el mencionado de los regulares y uno de legionarios) y otros cinco de republicanos, con una fuerte presencia de voluntarios extranjeros. Todos ellos fueron enterrados de cualquier manera, a la carrera y bajo la amenaza del fuego continuo, por unos compañeros que bastante tenían con no ser los siguientes en acompañarles.
De hecho, la batalla está salpicada de leyenda, como la de los voluntarios ingleses masacrados en la “colina del suicidio” o la de los 127 americanos de la Brigada Lincoln que cayeron en apenas 10 minutos, bajo el fuego de ametralladora, en la carnicería del Pingarrón, el último de los 21 días de combate.
Hasta dentro de al menos tres semanas, cuando se desmenuce toda la información almacenada por el georadar, no se podrá determinar con más detalle hasta qué punto se ha desentrañado la historia que aún queda por contar de la batalla del Jarama.